Mostrando entradas con la etiqueta "nosotros". Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta "nosotros". Mostrar todas las entradas

sábado, 17 de octubre de 2015

En las afueras de la democracia.






En las afueras de la democracia
Johanna Caplliure

Vivimos en una cultura posrevolucionaria e hipercapitalista- asegura Gilles Lipovetsky junto a Jean Serroy.[1] Si nos ponemos en disposición de reflexionar sobre esta afirmación debemos plantearnos qué sentido se nos ofrece bajo esta definición. Entenderíamos que la noción “cultura posrevolucionaria” es un vivir en una sociedad del “después de la revolución”. Pareciera, entonces, que no habría más revolución jamás.[2] Y, sin embargo, en la madriguera descansa el viejo personaje de la “fábula” marxiana, aquel que encarna la revolución. El viejo topo nos advierte que por mucho que la revolución permanezca dormida, cubierta por el desdén, la opresión o el miedo, resurgirá del búnker para señalarnos que esta reside en los diferentes estratos del mundo. Aunque, a veces, creamos que ya no existirá, solo hace falta un leve zumbido para que el despertar se dé en el siglo. En la Ilustración este se llamó Revolución. La Noche del Siglo[3] nos precipita en la pérdida total. Hoy la revolución lleva el nombre de un enjambre que despierta en la primavera.

Por otro lado, una “cultura hipercapitalista” o también conocida como desbordamiento del capital define el fin de la dicotomía interioridad- exterioridad de este. Puesto que el sistema se instala en la vida como tecnología biopolítica de la existencia. La crisis del capital volteó la relación de dominación en términos de producción, explotación y opresión. La fábrica cesó de ser el espacio de subordinación y el trabajador el único cuerpo oprimido. En el momento en que el capital opera desde el interior de la propia vida, el mundo se transforma en hiperfábrica y cada uno de nosotros en la marca de venta. “Estamos orgullosos de encarnar la crisis del sistema que nos machaca”.[4] Y eso nos hace víctimas del propio sistema: “Por favor, explótennos más y trabajaremos más duro y someteremos así todos los aspectos de nuestra vida al capital”.[5] La vida es inmediatamente la mayor forma de dominio cuando identificamos la realidad y el capital. Conspicuamente podemos declarar que la lógica capitalista aplasta nuestras vidas, que la vida deja de tener sentido como tal y queda subsumida a la biopolítica del sistema. Pero también, que somos la crisis del capital. ¡Enorgullécete de tu insurrección!

Hasta aquí hemos tratado de imaginar un mundo posrevolucionario e hipercapitalista. No obstante, no cesa de invadirnos la sensación de que todavía queda algo por decir en términos políticos. La cultura del capital convive con un régimen político que bascula las tensiones entre el poder impuesto y el impoder[6] de la multitud; nos referimos a la democracia. La cultura democrática inaugurada por la modernidad condujo a una fase histórica sin precedentes en el que la cultura y el mundo se unieron en la fuerza del estado-mundo. El advenimiento de las democracias modernas portaron los valores de progreso de la Ilustración donde la autonomía venció sobre cualquier sistema anterior. Los valores de igualdad, libertad y laicidad transformaron el mundo-estado hacia una democracia que a través del liberalismo, el imperialismo y el capitalismo impulsó el cambio hacia una homogeneidad dudosa y perturbadora. Si bien la democracia nació como soberanía del pueblo, como sistema de politización de los derechos y libertades individuales y trans-individuales, como puesta en relación entre el ciudadano y el estado, el “yo” y la colectividad, desafortunadamente el devenir de esta ha sido atropellado por el desapego a las divisas revolucionarias; tal como el consabido “Liberté, égalité et fraternité”.

Cuando nos centramos en la contemporaneidad, podemos observar cómo algunas de las graves amenazas que han hecho peligrar la democracia pertenecen a las acciones que prosperaron bajo los regímenes autoritarios del siglo XX. Los totalitarismos a los que hizo frente Hanna Arendt preñaron Europa de un malestar y una movilización jamás equiparable con cualquier realidad histórica anterior. No obstante, la buena fe imperante en la naturaleza de la democracia proporcionó nuevos organismos para la participación ciudadana, más allá del voto, desarrollando su actividad hacia los derechos fundamentales de los miembros de su estado-nación.

Otro de los peligros en los que ha caído la democracia en época del desbocamiento del capital, como advertíamos más arriba, es la homogenización de la sociedad. La globalización ha confundido la igualdad con la supresión de las diferencias. Por eso, autores como Hardt y Negri abandonan las explicaciones sobre la democracia, imponiendo la lógica del capital como Imperio y la diferencia del pueblo como monstruosa Multitud. El descontento por una democracia de partidos que no representan a la heterogénea sociedad incrementa la visión peyorativa sobre esta. De hecho, debemos aclarar que la negación no es tanto hacia la democracia como a la práctica democrática transformada en acción estatal que generó un sentimiento de pérdida de los derechos públicos. Por eso, es fundamental rescatar la noción de revolución en el interior de la era del capital. No es novedoso que la evolución de las democracias se haya visto interpelada por la revolución. Pero hoy la revolución es resistencia. Una  resistencia a permanecer inmóvil como se adelantó a sentenciar Stephane Hessel: Indignez-vous! “El motivo de la resistencia es la indignación”[7].

Actualmente la dictadura de los mercados nos pone en alerta sobre la salvaguarda de la integridad de la democracia y la paz de los estados. “¡INDIGNAOS! Luchad para salvar los logros democráticos basados en valores
éticos, de justicia y libertad prometidos tras la dolorosa lección de la segunda guerra mundial”[8]. Cuando uno se indigna ante una situación, entonces deviene militante, fuerte y comprometido, nos dice Hessel y Sampedro. Parece que la indignación ha servido como motor de propulsión para que la unión entre ciudadanos convierta su lucha particular en un compromiso social.

La emergencia de la realidad está produciendo que la democracia sea desplazada hacia senderos marginales que promueven una “democracia real” (movimiento 15-M), una “democracia radical” (como ha teorizado Adela Cortina desde una óptica habermasiana) o un poder para la ciudadanía. Un ejemplo tocante a nuestro estado español es el corrimiento hacia una política de la democracia en las calles con el movimiento de los indignados en 2011 a través de las tomas de las plazas en todas las ciudades del país. Un movimiento frente al Estado democrático que también tuvo su correlato y representación en otras ciudades a nivel internacional. Y que, a su vez, se hermanó a “motines” populares como la toma de la bolsa de Wall Street (Occupy Wall Street), las plazas del norte de África en la primavera (2010) o los levantamientos universitarios en Quebec (Le printemps érable). Todas estas sacudidas a la democracia han producido un nuevo sentido de lo social y lo colectivo, además de cuestionarse la representación política. Lo social ha adquirido un aventajado lugar en el entramado de decisiones hacia la autonomía. La nueva actividad democrática, basada en la indignación y la insurrección (herederas de la revolución), nos ofrece un nuevo sentido para la palabra Democracia: NOSOTROS. Para Santiago López Petit la noción de nos-otros [9] tiene un eco sonoro en el otro, en el otro que es nuestro, en un nosotros que es otro. O, acertadamente, bajo la pregunta ¿qué es ser en común?

En las afueras de la cultura de la democracia crecen dispositivos de agenciamiento. Cuando pensamos en la palabra “común” nos asociamos a Maurice Blanchot, Jean-Luc Nancy y Santiago López Petit y la definimos no como una recogida de las singularidades que nos unen, sino de las potencias en común inconfesables, desobradas o anónimas. Se trataría de una colectividad cuya fuerza de unión es la crisis y su fuerza reside en su desautorización (communauté désavouée[10]). El nos-otros ansía el desplazamiento tembloroso de un mundo aparte, hacia un mundo del ahora. Hablamos de un común sensible[11], puesto que su unión ya no depende de ideales o de normas, sino de vivencias, de experiencias y deseos que atraviesan la Noche del Siglo.

Por eso, nos demandamos si es posible democratizar las decisiones de un enjambre. ¿Cómo se puede generar un espacio de intercambio entre las intervenciones estatales y las nuevas democracias radicales? Acaso, ¿podemos democratizar la democracia? Hay algo que ya ha cambiado. Y si “crear es resistir. Resistir es crear”.[12] Entonces creemos una nueva democracia.


[1] Lipovetsky, G., y Serroy J., La cultura-mundo. Respuesta a una sociedad desorientada. Barcelona, Anagrama, 2010, p.14.
[2] Huelga decir que esta idea, la muerte de la revolución, es la que se revela a lo largo del texto de los autores de La cultura-mundo. Respuesta a una sociedad desorientada.
[3] Nos perdemos en la Noche del Siglo bajo dos sentidos según el pensador catalán Santiago López Petit: “perdidos porque hemos perdido y perdidos porque no hallamos el camino de salida”. Santiago López Petit, La movilización global. Breve tratado para atacar la realidad, Madrid, Traficantes de sueños, 2009, p.57.
[4] VVAA, “Alphabet of the Crisis”, La constitución política del presente, 11 to 21, CAAC. Issue 1, Marzo-Junio 2011, p.24. Original en “Abécédaire de la crise”, Revista Multitudes, Paris, 2009. Issue 37-38. (http://multitudes.samizdat.net/)
[5] Ídem, p.24.
[6] El impoder es definido por Antonin Artaud como la imposibilidad de un poder.
[7] “Le motif de la résistance, c’est l’indignation”, Indignez-vous!, Hessel, S., París, Indigène, 2010.
[8] Sampedro, José Luis, Prólogo a la edición española de Indignez-vous!, Hessel, S., ¡Indignaos!, Madrid, Destino, 2011, p.4.
[9] López Petit, S., El infinito y la nada: el querer vivir como desafío, Barcelona, Bellaterra, 2003.
[10] Nancy, J.L., La communauté désavouée, Paris, Galilée, 2014.
[11] Bordeleau, E., Comment sauver le commun du communisme?, Quebec, Le Quartanier, 2014.
[12] Indignez-vous! Hessel, S., ¡Indignaos!, Madrid, Destino, 2011, p.4.

sábado, 1 de febrero de 2014

“Il y a dans ma tête une abeille qui parle bas”



“Il y a dans ma tête une abeille qui parle bas”. Johanna Caplliure


“Poème: Il y a sur la nuit trois champignons qui sont la lune. Aussi brusquement que chante le coucou d'une horloge, ils se disposent autrement à minuit  chaque mois. Il y a dans le jardin des fleurs rares qui sont des petits hommes couchés et qui s'éveillent tous les matins. Il y a dans ma chambre obscure une navette lumineuse qui rode, puis deux des aérostats phosphorescents! c'est les reflets  d'un miroir. Il y a dans ma tête une abeille qui parle bas”. Max Jacob

Nunca se nos ocurre pensar que la naturaleza está dentro de nosotros. Nosotros somos naturaleza activa y reactiva. Tenemos el poder y el contrapoder para hacer de nuestra existencia un acontecimiento único de potencias salvadoras y destructoras, un hecho sin garantes ni héroes en la contienda por dominar las fuerzas de poder. Somos el veneno y el antídoto de nuestros males. Pensamos en departamentos estancos y nunca en la unidad. La evidente falta de una visión holística es la que hace de nuestra vida en la tierra un rompecabezas que está acabando con gran parte de esa unidad que dota de energía nuestras vidas. No obstante, hay que tener cuidado con la euforia de deseo de totalidad: Le tout seul n’est qu’un trou (“whole is a hole”)[1]. Las formas de vida emergen y se sumergen en una danza de olas, ondas que no podemos vislumbrar en la inmensidad de la existencia, una vida oceánica siempre a zozobra.

Las necesidades de la naturaleza no toman aquel aguijón que describía Simone Weil para picar la condición desmedida del hombre natural que ambicionaba un trozo de carne o cobijo, ni siquiera el deseo de poseer una existencia hipotecada por un trabajo, una casa o una vida que no nos pertenece – como también argumentaba sobre la opresión voluntaria por habitar el Capital. La púa se ha clavado en la razón e inocula la más despiadada de las formas de deseo: la destrucción por posesión y dominio de la vida. Y todo esto, porque hemos extraviado en el viaje del Progreso el “¿Quién somos?”. Sin esta cuestión en el horizonte se desploma todo sentido y la vida carece de “la naturaleza de la vida”: vivir.

Es bien sabido que el deseo de conocer y dominar la naturaleza haciéndola vasalla del hombre ha ocasionado una pérdida de una visión global del mundo, un desequilibrio entre las fuentes, el consumo y los recursos energéticos, y un extravío del tema crucial: “la naturaleza de la naturaleza”. Puesto que (n)ulle science naturelle n’a voulu connaître son origen culturelle. Nulle science physique n’a voulu reconnaître sa nature humaine[2]. Y lo que ha hallado lugar en los emplazamientos académicos, ha logrado su más doloroso desenlace en las industrias, estados y gobiernos. A saber, la inmunidad a la naturaleza de nuestra naturaleza. En mi cabeza hay una abeja que me susurra- Elle me parle tout bas.[3] Baila. Yo también sé zigzaguear en una danza relacional. Lo llaman “inconsciente social”, “inconsciente colectivo”: las formas de vida emergen y se sumergen y aunque sea en nuestros sueños sabemos cómo aguijar. 

Ahora es la naturaleza, nuestra propia naturaleza, la que sale de nuestros sueños y nos pone en la urgencia de tomar partido en la vida. Preguntémonos qué somos- como lo hace Johan Grimonprez pareciendo escuchar a Schöndinger en un giro hacia el común. Debemos pasar de la convicción de nuestra naturaleza a la acción, luchar por la salvaguarda de un sistema sostenible, un sistema de sistemas, un sistema complejo que sea capaz de crear un equilibrio entre las necesidades naturales y las necesidades humanas.
Si el enigma de la existencia está en la imposibilidad de dictar un futuro concreto, de generar una realidad segura y única y, además, toda pesquisa de expectativa atisbada es la del fin, por qué no trasplantar ideas, cultivar colectividades, acabar con los parásitos y, si nos quedan fuerzas, pecorear el mejor néctar. Estas formas de cuidar el sistema de sistemas ha sido puesto a la luz por ecologistas, naturistas, científicos, activistas, guerrillas gardening, estudiosos de la permacultura, la ecología profunda o la ecología radical, economistas, micologistas o ingenieros y -por qué no-, también, artistas y escritores de ficción.

La importancia del impacto que un pequeño zumbido puede tener en el resto del planeta es la que nos ofrece el trabajo de Johan Grimonprez. El movimiento de cola que produce On Radical Ecology and Tender Gardening es el de un zumbido para disponerse al agenciamiento. Por lo tanto, no hablamos del “efecto mariposa” que rompe la predicción en un aleteo, sino de un agitado movimiento de lance que enjambra a la multitud al margen de los mercados, de los estados, de los organismos e incluso de las creencias que se han asentado como base lógica de nuestras vidas.

On Radical Ecology and Tender Gardening es una “WeTube-o-theque”. Es decir, un banco de conocimiento libre y compartido en el que el saber es compilado desde un nosotros y para un nosotros en Youtube. La selección de material de esta “WeTube-o-theque” por parte de Grimonprez se construye en forma de Vlog bajo seis categorías que fundan las bases de una nueva ecología radical, las vías de sostenibilidad actual y el cuidado de las relaciones hombre/naturaleza: 0.1-Biotecture, 0.2-Guerrilla Gardening, 0.3-Transition World, 0.4-Radical Ecology, 0.5-Off the Grid, 0.6-Education. El material en vídeo procede de diferente factura. Se trata de documentales independientes o para la TV, fragmentos de noticias internacionales, charlas grabadas en simposios o congresos, vídeos piratas, dibujos animados y vídeos de organizaciones ecologistas y activistas. Por lo tanto, se trata de un archivo plural que ofrece una panoplia indiscutible para el conocimiento, el debate y la guerrilla eco.  Además, nos presenta una aprensión múltiple de lo real. Y esto es lo que se puede observar en la confección de una “WeTube-o-theque”: en una operación de multiplicidad de imágenes, de códigos, de saberes y de acciones como posibles y posibles como potencias. La potencia de un nosotros. El emerger y sumergirse de las formas de vida, unas veces manifiestas y otras ocultas, pero siempre en la naturaleza. Se danza en la oscuridad de la colmena. Lo que llamamos “inteligencia del enjambre”, la acción del swarming o la fuerza del anonimato no es otra cosa que una multitud que enjambra en un ruido indescifrable para el aparato dominante. Les agencements sont pasionnels, ce sont des compositions de désir[4]. Esos deseos que nos hacen soñar con una abeja dentro de nuestra cabeza. Sueño de Grimonprez de una trama de red social vinculada a una nueva cultura radical, comprometida con una multiplicidad real y consciente de las atenciones para la supervivencia de un nosotros. En mi cabeza una abeja me habla bajito y me dice que el enjambre descansa en el jardín.



A Silent Forest: The Growing Threat Genetically Engineered Trees (GE/GMO)
Ed Schehl, narrated by Dr. David Suzuki
2011, 45 min 25 sec

Coke & Pepsi Used as Agricultural
Pesticides by India Farmers

Alok Prakash Putul, BBC News
Raipur, India
2006, 56 min







[1] “El todo solo –sin las partes- no es más que un agujero (“whole is a hole”)”. E. Morin, La Méthode: La nature de la nature, Paris, Éditions de Seuil, 1981,  p.126.
[2] Puesto que “(n)inguna ciencia natural ha querido conocer su origen cultural. Ninguna ciencia física ha querido reconocer su naturaleza humana”. Ídem, p.11.
[3] “Ella me habla muy bajo”.
[4]  “Los agenciamientos son pasionales, son composiciones de deseo”. Deleuze, G. y Guattari, F., Mille plateaux, Paris, Gallimard, 1980, p.497.

viernes, 24 de enero de 2014

"Il y a dans ma tête une abeille qui parle bas" (English Version)



“Il y a dans ma tête une abeille qui parle bas”. Johanna Caplliure


“Poème: Il y a sur la nuit trois champignons qui sont la lune. Aussi brusquement que chante le coucou d'une horloge, ils se disposent autrement à minuit chaque mois. Il y a dans le jardin des fleurs rares qui sont des petits hommes couchés et qui s'éveillent tous les matins. Il y a dans ma chambre obscure une navette lumineuse qui rode, puis deux des aérostats phosphorescents! c'est les reflets d'un miroir. Il y a dans ma tête une abeille qui parle bas”. Max Jacob

It never occurs to us to think that nature is inside us. We are active and reactive nature. We have the power and the counter-power to turn our existence into a unique event of saving and destroying potentials, a fact without guarantors or heroes in the struggle to dominate the ruling forces. We are the poison and the antidote for our afflictions. We think in terms of isolated departments, never of the unit. The obvious lack of a holistic view turns our life on Earth into a jigsaw puzzle, and this is putting an end to a large part of that unit which provides energy to our lives. However, we have to be careful with the euphoria of desiring the whole: Le tout seul n’est qu’un trou (whole is a hole).[1] Life forms emerge and submerge in a dance of waves we cannot discern within the immensity of existence, an ocean life that is always foundering.

Nature’s needs do not use the sting described by Simone Weil to bite the excessive condition of the natural man, whose ambition was to find shelter or a piece of meat, not even the desire to have an existence that is mortgaged by a job, a home or a life that does not belong to us, as she also argued on the voluntary oppression to inhabit the Capital. The thorn has been driven into reason and it inoculates the most heartless form of desire—destruction in order to achieve possession and control over life. All this because, along the journey of Progress, we have lost sight of the question “who are we?” Without this question on the horizon, all meaning collapses and life lacks “the nature of life”: to live.

It is well established that the desire to know and dominate nature through turning it into man’s vassal, has led to the loss of a global vision of the world, to an unbalance between the sources, the consumption and the resources of energy, and to a deviation from the crucial issue: “the nature of nature”. Because (n)ulle science naturelle n’a voulu connaître son origine culturelle. Nulle science physique n’a voulu reconnaître sa nature humaine[2]. What has found a place within academic settings, has met its most painful outcome in the industries, states and governments, namely, the immunity to the nature of our nature. There is a bee whispering in my head - Elle me parle tout bas.[3] It dances. I, too, know how to zigzag in a relational dance. They call it “social subconscious”, “collective subconscious”: life forms emerge and submerge, and, even if it is in our dreams, we know how to sting.

Now it’s nature—our own nature—that comes out of our dreams and puts us in the urgency of taking a stand in life. Let’s wonder what we are, like Johan Grimonprez does, as if listening to Schöndinger with a turn towards the common. We must go from the certitude of our nature into action, fight for safeguarding a sustainable system, a system of systems, a complex system that is capable of striking a balance between the natural needs and the human needs.

If the enigma of existence lies in the impossibility of dictating a specific future, of generating one single, safe reality, and if any inquiry into a glimpsed expectation is that of the end, then, why not transplant ideas, cultivate communities, get rid of parasites and, if we still have the strength, gather the best nectar. These ways of caring for the system of systems have been brought to light by environmentalists, naturists, scientists, activists, gardening guerrillas, scholars of permaculture, of deep ecology or radical ecology, economists, mycologists or engineers—why not—as well as artists and fiction writers.

The importance of the impact a soft buzzing can have on the rest of the planet is what the work of Johan Grimonprez offers us. The tail movement produced by On Radical Ecology and Tender Gardening is that of a buzzing readying for assemblage. Therefore, we are not talking of the “butterfly effect” that shatters predictions with a flap of the wings, but of an agitated movement that swarms the multitude outside markets, states, institutions, and even the beliefs which have been laid down as the logical basis for our lives.

On Radical Ecology and Tender Gardening is a “WeTube-o-theque”. In other words, it is a free, shared bank of knowledge, where knowledge is compiled by a ‘we’ and for a ‘we’ in Youtube. Grimonprez’s selection of materials in this “WeTube-o-theque” is constructed in the form of a Vlog, with six categories that establish the base for a new radical ecology, for current ways of sustainability and for caring for the man/nature relationships: 0.1-Biotecture, 0.2-Guerrilla Gardening, 0.3-Transition World, 0.4-Radical Ecology, 0.5-Off the Grid, 0.6-Education. The video material comes from different sources. They are independent or TV documentaries, fragments of international news, talks recorded at symposia or conferences, animated cartoons and videos from environmental and activist organisations. Therefore, it is a plural archive offering an irrefutable panoply of information for knowledge, debate and eco-guerrilla. Furthermore, it offers a multiple apprehension of the real. And this is what can be found in the construction of a “WeTube-o-theque”, an operation involving a multiplicity of images, codes, knowledge and actions as possibilities, and possibilities as powers. The power of a ‘we’. The emerging and submerging of life forms, sometimes manifest and sometimes hidden, but always in nature. There is dancing in the darkness of the beehive. What we call “swarm intelligence”, the action of swarming or the strength of anonymity is nothing other than a multitude swarming with a noise that is undecipherable for the ruling apparatus. Les agencements sont pasionnels, ce sont des compositions de désir[4]. Desires that make us dream of a bee inside our head. Grimonprez’s dream of a social network fabric linked to a new radical culture, committed to a real, conscious multiplicity of the attentions for the survival of a ‘we’. Inside my head, a bee whispers to me and tells me that the swarm is relaxing in the garden.


Buckminster Fuller
on 'Spaceship Earth':
Everything I Know Sessions

Philadelphia, USA
1975, 2 min

In the Open: Art & Architecture
in Public Spaces — Deborah Gans
& Matthew Coolidge

BOMBLive!
2010, 4 min 25 sec



[1] “The whole by itself, without its parts, is nothing but a hole (whole is a hole)”. E. Morin, La Méthode: La nature de la nature, Paris, Éditions de Seuil, 1981, p.126.
[2] Since “no natural science has ever wanted to know its cultural origin. No physical science has ever wanted to admit its human nature”. Ibid, p.11.
[3] “It speaks to me very softly”.
[4]  “Assemblages are passionate, they are compositions of desire”. Deleuze, G. and Guattari, F., Mille plateaux, Paris, Gallimard, 1980, p.497.







sábado, 12 de octubre de 2013

Incurrir en lo imposible, el encuentro




Incurrir en lo imposible, el encuentro
 
Desde hace algún tiempo podemos medir las relaciones que se nos dan -ya sean sociales, económicas, políticas…- bajo la sintomatología de un “estado de excepción”. Vivimos fuera de la regularidad que la tradición y la historia nos imponía. No obstante, la cuestión de la excepcionalidad nos sitúa en un orden mundial que opera a gran escala y se instala en la vida cotidiana de todos. De aquí que la práctica más habitual en nuestro entorno sea la de alzar barreras profilácticas contra todo aquello que suponemos agente patógeno para la conservación de nuestras vidas.
Así pues, observo que el orden opera bajo la inmunidad y vulnerabilidad de ciertos barrios. La inmunidad parece un gesto de protección pero en realidad no es más que la exclusión del resto. Es decir, de la vida en comunidad. Pienso en como se presenta un barrio que es enfermado, bajo el supuesto de inmunidad, hasta la expulsión de la red de convivencia por miedo al “contagio”. El barrio puede ser Velluters, pero también -en otros momentos o al mismo tiempo- lo es el Cabañal, la Malvarrosa, o Ruzafa por ofrecer algún nombre. Estos barrios se presentan sujetos a un estigma: el contagio al otro. Pero igualmente, en el interior del barrio los vecinos adoptan prevenciones ante el riesgo de salir afuera, de vivir en comunidad. Así, la ley imperante es el miedo y el malestar instilado en nuestra experiencia.

Nuestras vidas se han vuelto pobres, nuestra experiencia se ha empobrecido. De esta misma manera, Walter Benjamin describía la vuelta muda de los soldados en la 1ª Guerra Mundial, así como la vida en las ciudades que destruidas se enfrentaban a los cambios técnicos, mercantilización extrema, totalitarismos… bajo el mayor de los silencios; aquél que se da con la pérdida. Hoy mismo hablamos de la pérdida de nuestros hogares y vidas: expropiación y degradación de un barrio, pero también de nuestra dignidad. Todas éstas son formas de dar nombre a la precarización de la vida.
La lucha ya no es contra un “esto es lo que hay”. La vida nos dice que realmente “esto no es sólo lo que hay“, sino que lo que hay está por venir. Este devenir no es un venir-esperanza, venir-utópico, venir-resignado. Sino que para nosotros es un salir afuera de nuestras vidas- que no es otra cosa, como decía anteriormente, que vivir la experiencia de la comunidad.

Por todo esto, siento – abandonando cualquier ideal comunitarista- que el mayor riesgo y foco de contagio que debemos asumir es el de la propia comunidad. Una comunidad que como muchos han intentado definir (Nancy, Blanchot o Esposito) no es fácil de presentar como tal, ya que su mayor secreto está en su imposibilidad constitutiva. Sin embargo, es esta comunidad imposible la que me hace creer que todavía existe la posibilidad para cambiar.

Cuando pienso en esta comunidad lo hago desde la imagen potente que el dramaturgo y director de teatro Jerzy Grotowski ofrece sobre la experiencia del actor con el público: la experiencia del encuentro. El encuentro es un breve acontecimiento intenso, eficaz y, a veces, incomprensible al situarse fuera del orden establecido.
En estos barrios el encuentro viene, en ciertas ocasiones, inducido por la rehabilitación de ciertas zonas con jardines, plazas o también edificios públicos y privados que intentan reavivar las relaciones vecinales. En algunos casos estos elementos facilitan la regeneración del movimiento entre las personas, aunque es cierto que no es suficiente. El encuentro en su mayor vivacidad se da de otra manera: por medio de las pequeñas acciones de cada día. Por este motivo, me gusta pensar en que existen algunos espacios como lugares para la activación de la comunidad. No se tratan de espacios determinados por una acción de antemano, sino de un fluir de la vecindad. Todos sabemos bien que la vida no se hace en los espacios que se nos designan para convivir, sino que la vida fluye por cada uno de los callejones, esquinas, solares, tiendas, grietas en los que nos aproximamos al otro.
Por lo tanto, salir a la calle, celebrar una fiesta, hablar con el que pasa, compartir el malestar; en fin, interrumpir el movimiento cotidiano por el fluir de la vecindad es una posible propuesta de activación de los espacios a partir de este nuevo intento de comunidad.

Después de esto, podemos decir que el encuentro es la comunidad, un “nosotros”, que se traduce en el intento de “hacer barrio”, recuperar una forma de vida, rescatar la dignidad, perder el miedo, querer vivir.



Artículo escrito para (sic), un proyecto de Álvaro de los Ángeles.
(sic) societat i cultura es un proyecto expositivo/editorial realizado para el MUVIM, Valencia, 3 de diciembre de 2009 – 18 de febrero de 2010. Publicación sobre el barrio de Velluters, Valencia.
El número está también descargable en:
http://www.societaticultura.org/wp-content/uploads/2009/12/sic_021.pdf
Diseñado por ESTABLIMENT.